Verano: tiempo para desconectar… y pensar

Generalmente asociamos el verano a esa época en la que desconectamos del trabajo y las obligaciones del día a día, de toda esa rutina que tanto nos agobia y de la que muchas veces estamos deseando liberarnos. Sin embargo más que desconectar a mí me gusta decir que el verano puede servir para reconectar.

En nuestro día a día esa rutina de la que hablábamos nos impide pararnos a pensar. Vamos con el tiempo pisándonos los talones, a duras penas llegamos a nuestras obligaciones y compromisos, y el poco tiempo que tenemos queremos dedicarlo a descansar, pasar tiempo con los amigos o la familia o a nuestros hobbies.

Todo lo anterior hace que pocas veces dediquemos tiempo a pensar, a sentarnos y preguntarnos ¿qué pienso de la vida que llevo? ¿me satisface? ¿me llena? ¿estoy donde quiero estar? ¿hago lo que me gustaría hacer?

Lo cierto es que no nos enseñan a cuestionarnos estas cosas, más bien se nos “adoctrina” desde pequeños para saltar de una meta a otra: educación infantil, primaria, secundaria, bachiller, universidad o ciclo de formación profesional, trabajo, un trabajo mejor, pareja, casa, hijos… Y ante esta situación lo más probable es que nos dejemos llevar por la corriente y corramos tras esas metas para alcanzar la tan ansiada “felicidad”. ¿Cuántas veces te has dicho o has escuchado eso de “cuando consiga X seré feliz”?

Esclavos de la productividad

Este afán por ser productivos y orientar todo nuestro camino a producir más y más para alcanzar la felicidad se ha vuelto una trampa en la que caemos sin apenas darnos cuenta. El tiempo de descanso incluso está mal visto, el ocio se ha vuelto productivo también: si nos vamos de vacaciones tenemos que visitar todos los monumentos de la ciudad, comer en los restaurantes de moda o “instagramearlo” todo para dejar constancia; si nos quedamos un domingo en casa tenemos que hacer un maratón de Netflix para ponernos al día con esa serie que todo el mundo comenta en la oficina. Pero ¿esto realmente nos hace felices? ¿te llena vivir así tus vacaciones o prefieres descansar en una playa? ¿te gusta realmente esa serie de la que te has tragado las 7 temporadas o la ves porque es lo que hace todo el mundo? Si la respuesta a estas preguntas es negativa… ¿es realmente productivo ese tiempo?

Desde mi punto de vista lo productivo es dedicar tiempo a lo que realmente queremos y necesitamos. El trabajo es una parte porque hace falta el dinero para satisfacer nuestras necesidades más básicas. Pero también es productivo dedicar tiempo a lo que es importante para nosotros, y ¿qué puede ser más productivo que revisar nuestro camino para ver si nos dirigirnos hacia donde realmente queremos?

¿Estás llevando la vida que realmente quieres vivir?

Al plantearnos esta reflexión puede que nos entre miedo, porque si ahondamos hay dos posibilidades: que vayamos por el camino que realmente queremos ir (todo bien, tranquilidad) o que estemos caminando por un sendero que no nos gusta. Ante esta última alternativa se bifurcan otros dos caminos: ¿sigo como estoy o pienso en hacer cambios?

La respuesta a la pregunta anterior dependerá de muchas cosas, porque no podemos aislarnos de nuestro contexto y de la sociedad en la que vivimos: no es lo mismo estar soltero o soltera y no tener bajo tu responsabilidad a nadie que ser padre o madre de familia o tener algún familiar a tu cargo que dependa de ti. A pesar de esto debemos tener en cuenta nuestro nivel de bienestar/malestar, porque de nada sirve seguir igual y tirar para adelante para ayudar a nuestra familia si en el camino vamos perdiendo la salud por ello, porque cuando lleguemos al final no quedará nada de nosotros. Si analizando todo esto entendemos que debemos cambiar, también debemos tener en cuenta que no tenemos que pasar de NADA a TODO, sino que hay muchos pasos intermedios que podemos dar para, poco a poco, cambiar la situación, por ejemplo, si mi problema es que el trabajo que tengo me aporta mucho económicamente pero el entorno es desgastante hay más cosas que puedo hacer entre seguir igual y dejarlo: aprender a marcar límites en el trabajo, estudiar para dedicarme a otra cosa mientras sigo trabajando, enviar CVs a otras empresas para irme con algo de seguridad, etc.

Así que si después de leer esto te parece buena idea reflexionar sobre el camino que llevas solo te pido una cosa: hazlo desde la calma de que no hay que hacer nada YA y desde la aceptación de que en cada momento LO HACEMOS LO MEJOR QUE PODEMOS.

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